Formación de demanda, que abarca las acciones formativas
de las empresas y los permisos individuales de formación financiados total o parcialmente
con fondos públicos, para responder a las necesidades específicas de formación
planteadas por las empresas y sus trabajadores.
Asesoramiento y gestión de los cursos bonificados con cargo a la cuota
de Formación Profesional de la Seguridad Social.
Justificación
de un programa de Formación Profesional para el Empleo. (RD 395/2007)
En una economía cada vez más global
e interdependiente el capital humano se erige en un factor clave para poder competir con
garantía de éxito. Por ello, la formación constituye un objetivo estratégico
para reforzar la productividad y competitividad de las empresas en el nuevo escenario
global, y para potenciar la empleabilidad de los trabajadores en un mundo en constante
cambio
Después de trece años de vigencia de dos modalidades diferenciadas de
formación profesional en el ámbito laboral –la formación ocupacional y la continua–,
resulta necesario integrar ambos subsistemas en un único modelo de formación profesional
para el empleo e introducir mejoras que permitan adaptar la formación dirigida a los
trabajadores ocupados y desempleados a la nueva realidad económica y social, así como a
las necesidades que demanda el mercado de trabajo.
Se reconoce la estrecha vinculación de la
formación tanto con el empleo como con las políticas macroeconómicas y microeconómicas
y a ello contribuye el importante papel de los Interlocutores Sociales en el desarrollo de
estrategias comunes previendo la existencia de acciones formativas que garanticen la
adquisición de competencias por los trabajadores o que les permita formarse en otros
sectores económicos distintos a aquel en que despliegan su actividad, anticipándose o
reaccionando así a eventuales situaciones de crisis que puedan darse en algún sector y
contribuyendo a impulsar de esta manera la libre circulación de trabajadores.
Se pretende potenciar la calidad de la
formación así como su evaluación, a fin de que la inversión en formación en nuestro
país responda a los cambios rápidos y constantes que se producen en nuestro entorno
productivo, permitiendo mantener actualizadas las competencias de nuestros trabajadores y
la capacidad de competir de nuestras empresas y reduciendo el diferencial que dicha
inversión tiene todavía en relación con la media europea.
Se trata de implantar un modelo
dinámico y flexible, pero a la vez un modelo estable para afrontar desde la óptica de la
formación los desafíos de nuestra economía enmarcados en la Estrategia Europea para la
consecución del pleno empleo.